Don Quijote perdido en una esquina de Bogotá
El Quijote de la Mancha. Llina Montilla. 15 años, grado 10°. 2003
Tarzán en Londres sería la
mejor descripción, un loco rematado que no lo recibirían ni en el mismísimo
Sibaté, (sanatorio) porque no
pasaría como chiflado sino como un filósofo frustrado lleno de valores
poéticos, de ética y estética; olvidado en una sociedad capitalista y mucho más
tercermundista. Sería el perfecto juego de video en reemplazo de Mario Bros.
Dragón Ball Z solamente rodeado de molinos de viento convertidos en gigantes y
ofreciendo presentes al tendero del supermercado de la esquina.
Un estilista o más bien un
psicólogo de drogadictos y ñeros22 a los cuales, escoge por escuderos, y un titiritero de
amo de llaves de su gran palacio, por cierto, ¡el castillo de Drácula; cuadro
colgado en un viejo y derruido museo de Paris. Su dulce Dulcinea, digo su dulce
por ser el maniquí de azúcar que encontró con unos jeans descaderados pensando
tal vez en la reina Victoria.
Tal vez
el guión de teatro de un peregrino del desierto o un depravado por la justicia
por no saber hacer mas que ir al Jaime Duque a dañar las esculturas de Luis x,
y a defender a su famosa Melisenda, o tal vez, como un tendero de helados en el
Cartucho,(zona de
marginados y consumidores de drogas) encadenado a una silla de ruedas.
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